
Sí, ni un solo huevo. Mis gallinas no ponen huevos. Han estado poniendo estos últimos días pocos, uno o dos. Pero hoy, día que muchos camioneros autónomos han comenzado una huelga indefinida, ellas, quizá solidarias, no han puesto ni uno. La verdad es que las cosas no van bien, ni para ellas, ni para ellos ni para nadie. El desabastecimiento, que a los estómagos llenos nos parece cosa de otro mundo, lejana, es una sombra que se asoma por nuestras ventanas.
Le reflexionaba yo el otro día a mi hija que esta situación no se parece a las luchas obreras del siglo XIX o del mismo siglo XX. Es el mismo capital el que se muerde en sus partes más débiles y no es momento para volver a experiencias totalitarias, siempre tan nefastas. Pero algunas cosas hay que cambiar. Políticas exteriores de grandes potencias (con grandes ollas y gallinas que ponen huevos sintéticos). Los humanos nos merecemos otro mundo. Otro mundo donde no nos asuste que durante unos días nos quedemos sin huevos o sin gasóleo. Un mundo mejor repartido, sin niños y niñas que mueran de hambre y sin barrigas imperialistas que se harten en la desgracia o la provoquen para hartarse más. Yo no tengo la solución, pero no soy tonto y sé que esto sólo beneficia a los que ya están beneficiados o, al menos, a los que no sufren. Por eso, yo sigo esperando que haya huevos...que algún día haya huevos de todos y para todos. Confío en las gallinas.