Y yo te leeré cada noche, cada mañana como uno más que espera que en el brote nuevo de tus versos, de tus palabras renazca la primavera. Como el sol que tras las nubes asoma sus rayos, así te espero, como uno más. Como a una amiga, como a una compañera.
Las nubes son ambivalentes... como las personas. A veces se nos cruza una nube y parece que nos quita la luz y la oscuridad que produce nos agobia con su abrazo frío...Pero si sabemos esperar, quizá en poco tiempo nos dé la lluvia deseada, fuente de vida y futuro. Y quizá entonces el frío se torne esperanza, la negritud se cambie en claridad y la humedad haga germinar la vida que continúa viva.
A veces duelen los silencios como duelen los versos de pie quebrado... (¡Ay, qué dolor!) Palabras no dichas en silencio. Coplas cantadas al aire en un silencioso campo de sepulcros vacíos, donde cada cual pasea en silencio. (¡Ay, qué dolor!) Ojos grandes que miran redondos, con vientres redondos, en silencio. Violaciones de almas y de cuerpos maltratados y rotos en silencio. (¡Ay, qué dolor!) Penas aguantadas en silencio. Lágrimas tragadas en silencio. Palabras calladas en silencio. Flores desgajadas de almendro. (¡Ay, qué dolor!)
Palabras, sombras disipadas al contraluz de la luna. Soledades encontradas que se buscan renaciendo como brotes de jazmín libados por la brisa de la noche, consumidos por el deseo lento y continuo de un prolongado amanecer. Caricias y surruros, calor, dulzura y arrullos. Sábanas húmedas suavizadas por los aromas del amor. Palabras que ahora buscan, sudorosas, los abrazos de los primeros rayos de sol.